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26/5/14

De cuentos



Se va el tiempo sin que la abuela se entere. No, la verdad es que se entera, lo hace cuando os ve a vosotros cada día mas grandes, cada día mas listos, cada día menos niños.
Crecéis mientras la abuela decrece. En inteligencia y en estatura.
Ahora sois vosotros quienes le contáis historias a la abuela o se las modificáis.

El otro día estaba leyéndoos el cuento de La Bella Durmiente. Mira tú, un cuento de esos de toda la vida, de los que se sabe como empieza y como acaba, de los que solamente mencionar el nombre ya no hace falta contarlo.
Íbamos por la página del beso. La edición que os leía es una con muchas ilustraciones y además interactiva, hay que buscar cosas:la espada del príncipe, la pulsera de la princesa,la varita mágica del Hada Madrina...y así.
(Es que hoy no hay nada que no sea interactivo para hacer competencia a los tablets que manejáis con tanta facilidad).

Bueno, a lo que iba, que entonces estábamos en que llega el príncipe y se encuentra a La Bella Durmiente en medio del bosque, tumbada y dormida.
Aquí siempre me he planteado que como la dejarían en mitad de un bosque, así, solita y dormida, metida en una urna de cristal. Ya podían haberla dejado, no sé, en un saloncito del castillo de sus padres. Es que la abuela hay muchas cosas que no entiende de los cuentos, otro día hablamos de eso, recordádmelo.

-Entonces el príncipe le da un beso- leo.
-En la boca, abuela- apostilla Jorge.
-¿En la boca?- pregunto asombrada- ¿por qué en la boca?
 -Porque se ha enamorado, abuela. ¿No te das cuenta de que, si no se hubiera enamorado, nunca daría un beso a una niña que está dormida?-contesta Jorge.
-Claro abuela- añade Pablo-no se dan besos a una niña que no conoces si no estás enamorado.

Ojiplática, me he quedado ojiplática...
Ahora me resulta más creíble el cuento.